ETERNIDAD, poema de Elsa Wiezell
Gracias, campana inextinguible,
música clara de mi amor celeste.
Gracias ternura altísima,
si es la hora.
Partiremos juntos;
lodo y cristal
en nuestras pobres manos.
(No es fácil morir)
Quedan los niños
con esa risa clara,
la casa con su balcón
de rostro despojado,
la cítara dormida,
la espiga silenciosa
de tu almohada,
la mesa despoblada de manteles,
los niños!
Pero vendrá el invierno
muy cerca de tu mano.
Volarán las gaviotas
sobre el mar espumoso,
y entonces, simplemente,
en íntimo silencio,
boca arriba,
corriendo azul el cielo,
¡nos dormiremos juntos,
para siempre!
Elsa Wiezell
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